» Alguna vez has pensado que …»

«Saciarse totalmente»

Toma un momento de satisfacción y tira de él, con seguridad te verás arrastrado hasta otro, el cual, sin ser sustancialmente idéntico, compartirá unos mismos ingredientes generales que ordenados distintamente, y quizá sumados a otros, recordará sensaciones semejantes a las trasmitidas por el desarrollo del primer ejercicio. De esta manera, y por suposición negativa, vemos que los gustos no son figuras aisladas de nuestra personalidad, sino que guardan conexiones, pues con halo profetizador, una instaurada afición, empapa de su devoción a otros campos del cerebro, donde; bien se germinará pasión por actividades que crecerán al tenor de una misma semilla, bien (en defecto) se comprobará cuan pocas actividades tienen verdadero arraigo al advertir cuantas otras se desvanecen con una lluvia de certeza.

Así, la línea que sigue nuestro desarrollo está dirigida por la coherencia, en tanto que como hemos visto, el acto que trasmite sincera plenitud, suprime, en favor de ocupar más tiempo en lo que nos llena, a todas aquellas ocupaciones que artificialmente solo otorgan una satisfacción a medias o incluso ya no lo hicieran y solo se mantuviesen por inercia de la vida.

 Al tanto de lo expuesto, y retomando un cariz más tangible, no es otra cosa la que sucede en el momento que tras decisiones coartadas por el caótico transcurrir de la vida, elegimos reencontrarnos con unos hábitos alimenticios, qué sin pretensiones de ningún tipo hacia fines estéticos, tienen como máxima la salud y el termino medio. Pues aunque el chispazo no sea instantáneo por que el motor desentrenado tarda en calentar y saber que le ocurre, tras unos días el buen hábito, una invisible fuerza magnética accionada por las manos de la coherencia, hará su efecto atrayendo al rebaño a aquellos comportamientos que a todas luces podrían ser buenos amigos del que gusta pastar en los mismo prados.

Porque independientemente de los beneficios orgánicos de una óptima alimentación, la constancia en la misma, genera su caballo de batalla mas fuerte en la mente, donde la actitud sana, escéptica frente a conductas que antes entendía como buenas, limpiará las que anidadas en los recovecos del cerebro, jugaban a desestabilizar una brújula que se perdía en mares de tentaciones. Y es aquí, al acariciar una satisfacción que nunca antes habías sentido por  armonizarte con todo lo que te es realmente bueno, cuando comprendes que lo que no te hace palpitar así, simplemente no te sacia, provocando una hambrienta existencia a un estomago que a pesar de comer como y cuando quiere nunca termina de llenarse.

«El mal de no conocer males»

Como el combustible que propulsa un motor, la posibilidad de vivir mejor ha sido desde los comienzos del uso de la razón, la causa que ha motivado el avance. Así, el incansable deseo de llegar siempre un poco más allá, provoca ineludiblemente que las molestias sobrevenidas por el ejercicio de las actividades mas cotidianas, queden como un mero reflejo del progreso frente al pasado. En consecuencia, e independientemente de que el adelanto casi siempre haya brindado condiciones más favorables a nietos que abuelos, actualmente, el ámbito de la comodidad es tan amplio qué cubriendo tantas dolencias con su cálido manto, cuesta encontrar un momento de verdadero hastío. Ausente en tales inclemencias, el individuo, cada vez más acostumbrado a la comodidad, pierde la capacidad de aplacar el sufrimiento, suponiendo, por no querer alterarse, que el bienestar es supremo derecho de todo el que desee demandarlo, pudiendo ser que pasen los años, y así sea, o tan probable como cierto, puede ser que no, y que aquel que se mostró reacio a lo que ocasionase aflicción sea ahora quien mas se aleje de sus sueños de confort. Asimismo, el pensamiento razonado, tiene por presente la volatilidad de los estados, y conoce el fluir de las circunstancias, y aunque se encuentre en condiciones de bonanza prepara los sentidos para cuando lleguen las tormentas. ¿Pues que sería del granjero que tras una gran cosecha, olvida el componente de azar en su labor, y derrocha en viandas los excedentes de lo que el año próximo podrían ser deficiencias? El dolor de su condición nacería por dos sangres de una misma herida; falta de recursos para vivir como el mismo se había malacostumbrado a hacerlo. De otra manera, cuando la situación se invierte, viviendo un escalón por debajo de la comodidad que se podría tener, la inclemencia se transforma en fortaleza, propulsando más lejos a los previsores cuando los vientos conceden el favor de soplar en gracia de todos. No obstante, a tal ejercicio solo lo precede el desprestigio de lo externo, pues quien no entiende que la plenitud no depende de los bienes que adornan la comodidad, (sino de las virtudes que se forman con voluntad), perderá la vida buscando algo que cada vez se aleja más a sus espaldas.

» La brújula»

Conócete conociendo el mundo y activa tu brújula interior.

Ocejón, el mirador de Guadalajara.

LOCALIZACIÓN.

En la serranía de Guadalajara, a no más de una hora y media de la capital de provincia, se encuentra el pico Ocejón. Esta montaña que posiblemente, en la distancia, se dibuje a diario en la vida de muchos alcarreños, está situada entre dos de los más conocidos pueblos de la provincia, Majaelrayo y Valverde de los arroyos, famosos por pertenecer a ese  elenco de pueblos que llevan el sello de calidad en las tizonas fachadas de sus edificios. Pues muy acertadamente, los habitantes de esta septentrional comarca, denominada como “pueblos de arquitectura negra”, decidieron hace muchas generaciones, utilizar las pizarras que la sierra daba para arropar las estructuras de las casas, a fin de mantener el calor dentro de los hogares en los meses más fríos del año, que a causa de la elevada altitud de la zona no eran pocos.

RUTAS

Como hemos dicho, el pico se encuentra entre  dos pueblos, por lo que la ascensión puede hacerse por la cara sur Majaelrayo, o la cara norte, Valverde, de la cual hablaremos hoy.

La marcha  da comienzo desde el pueblo, momento perfecto para antes de empezar, admirar la arquitectura tan peculiar que antes se mencionaba. Tras cruzar un verde campo de futbol, donde a menudo los excursionistas aprovechan para reponer energías con un campestre almuerzo, llegamos, ahora sí al primer poste orientativo, que junto a sus próximos compañeros nos marcará la senda para tomar cima, con ritmo medio, en las tres siguientes horas.

No mucho más tarde del inicio, tomaremos el camino que bifurca la senda hacia mano derecha, de manera que iremos dejando el valle, hundido por la erosión del río a nuestra izquierda, pudiendo maravillar, desde una privilegiada vista concedida por multitud de miradores naturales, como el cauce de las aguas se precipita por un cortado de pizarras al vacio, donde desde lo lejos, podremos distinguir a algún que otro senderista que en lugar de tomar nuestro camino se desvió previamente hacia lo que se conoce como “las chorreras”.

A partir de este momento la senda ira jugando a entrelazarse con el río, haciendo que en varias ocasiones tengamos que demostrar nuestra agilidad para saltar de piedra en piedra sin calarnos los calcetines. Pero es sin duda, en estos puntos del camino, que abrazados por la flora emanante causa de la humedad del río parecen sacados de un cuento fantástico, por lo que la ruta cambia tanto de paisaje, ya que con el último roce entre tierra y agua, el camino remonta  muy verticalmente, haciendo que los árboles pasen a ser arbustos, terminando por constituir amplias praderas  de vegetación de montaña.

Serpenteando por la cara norte, iremos ascendiendo cada vez más, y cuando sofocados, porque a decir verdad este es el tramo más duro, echemos la vista atrás, contemplaremos como los picos que desde el coche veíamos como una amalgama de formas geométricas, despuntan ahora como dientes, tan agresivos como exigente sea su pendiente.

Los últimos metros, pasado el poste que converge las rutas de Majaelrayo y Valverde, son escarpados, de roca viva, por lo que es ahora donde más atención deberás prestar para no tener ningún susto a pocos metros de la cima.

Y es ahora, porfín, desde la cima, tras un camino de intrínsecos riachuelos, y amplios paramos descubiertos,  donde ves, con majestuosidad, como el mundo más salvaje y más bello de lo que lo recordabas, se  abre a tus pies, evocándote, quizás, el pensamiento, de que el paraíso está mucho más cerca de lo que creemos, de manera que a veces,  por desear lo lejano, terminamos rehusando lo que por suerte se nos dio, de modo que si no lo hubiéramos dispuesto, posiblemente, haciendo alarde de nuestro raciocinio incomprensible, lo hubiéramos deseado con la misma fuerza  que  lo que por naturaleza  no podemos tener. Perdiendo así lo que no tenemos por lejano y lo cercano por recelo de no ser lo anhelado.