Conócete conociendo el mundo y activa tu brújula interior.
Ocejón, el mirador de Guadalajara.
LOCALIZACIÓN.
En la serranía de Guadalajara, a no más de una hora y media de la capital de provincia, se encuentra el pico Ocejón. Esta montaña que posiblemente, en la distancia, se dibuje a diario en la vida de muchos alcarreños, está situada entre dos de los más conocidos pueblos de la provincia, Majaelrayo y Valverde de los arroyos, famosos por pertenecer a ese elenco de pueblos que llevan el sello de calidad en las tizonas fachadas de sus edificios. Pues muy acertadamente, los habitantes de esta septentrional comarca, denominada como “pueblos de arquitectura negra”, decidieron hace muchas generaciones, utilizar las pizarras que la sierra daba para arropar las estructuras de las casas, a fin de mantener el calor dentro de los hogares en los meses más fríos del año, que a causa de la elevada altitud de la zona no eran pocos.
RUTAS
Como hemos dicho, el pico se encuentra entre dos pueblos, por lo que la ascensión puede hacerse por la cara sur Majaelrayo, o la cara norte, Valverde, de la cual hablaremos hoy.
La marcha da comienzo desde el pueblo, momento perfecto para antes de empezar, admirar la arquitectura tan peculiar que antes se mencionaba. Tras cruzar un verde campo de futbol, donde a menudo los excursionistas aprovechan para reponer energías con un campestre almuerzo, llegamos, ahora sí al primer poste orientativo, que junto a sus próximos compañeros nos marcará la senda para tomar cima, con ritmo medio, en las tres siguientes horas.
No mucho más tarde del inicio, tomaremos el camino que bifurca la senda hacia mano derecha, de manera que iremos dejando el valle, hundido por la erosión del río a nuestra izquierda, pudiendo maravillar, desde una privilegiada vista concedida por multitud de miradores naturales, como el cauce de las aguas se precipita por un cortado de pizarras al vacio, donde desde lo lejos, podremos distinguir a algún que otro senderista que en lugar de tomar nuestro camino se desvió previamente hacia lo que se conoce como “las chorreras”.
A partir de este momento la senda ira jugando a entrelazarse con el río, haciendo que en varias ocasiones tengamos que demostrar nuestra agilidad para saltar de piedra en piedra sin calarnos los calcetines. Pero es sin duda, en estos puntos del camino, que abrazados por la flora emanante causa de la humedad del río parecen sacados de un cuento fantástico, por lo que la ruta cambia tanto de paisaje, ya que con el último roce entre tierra y agua, el camino remonta muy verticalmente, haciendo que los árboles pasen a ser arbustos, terminando por constituir amplias praderas de vegetación de montaña.
Serpenteando por la cara norte, iremos ascendiendo cada vez más, y cuando sofocados, porque a decir verdad este es el tramo más duro, echemos la vista atrás, contemplaremos como los picos que desde el coche veíamos como una amalgama de formas geométricas, despuntan ahora como dientes, tan agresivos como exigente sea su pendiente.
Los últimos metros, pasado el poste que converge las rutas de Majaelrayo y Valverde, son escarpados, de roca viva, por lo que es ahora donde más atención deberás prestar para no tener ningún susto a pocos metros de la cima.
Y es ahora, porfín, desde la cima, tras un camino de intrínsecos riachuelos, y amplios paramos descubiertos, donde ves, con majestuosidad, como el mundo más salvaje y más bello de lo que lo recordabas, se abre a tus pies, evocándote, quizás, el pensamiento, de que el paraíso está mucho más cerca de lo que creemos, de manera que a veces, por desear lo lejano, terminamos rehusando lo que por suerte se nos dio, de modo que si no lo hubiéramos dispuesto, posiblemente, haciendo alarde de nuestro raciocinio incomprensible, lo hubiéramos deseado con la misma fuerza que lo que por naturaleza no podemos tener. Perdiendo así lo que no tenemos por lejano y lo cercano por recelo de no ser lo anhelado.
