«Saciarse totalmente»
Toma un momento de satisfacción y tira de él, con seguridad te verás arrastrado hasta otro, el cual, sin ser sustancialmente idéntico, compartirá unos mismos ingredientes generales que ordenados distintamente, y quizá sumados a otros, recordará sensaciones semejantes a las trasmitidas por el desarrollo del primer ejercicio. De esta manera, y por suposición negativa, vemos que los gustos no son figuras aisladas de nuestra personalidad, sino que guardan conexiones, pues con halo profetizador, una instaurada afición, empapa de su devoción a otros campos del cerebro, donde; bien se germinará pasión por actividades que crecerán al tenor de una misma semilla, bien (en defecto) se comprobará cuan pocas actividades tienen verdadero arraigo al advertir cuantas otras se desvanecen con una lluvia de certeza.
Así, la línea que sigue nuestro desarrollo está dirigida por la coherencia, en tanto que como hemos visto, el acto que trasmite sincera plenitud, suprime, en favor de ocupar más tiempo en lo que nos llena, a todas aquellas ocupaciones que artificialmente solo otorgan una satisfacción a medias o incluso ya no lo hicieran y solo se mantuviesen por inercia de la vida.
Al tanto de lo expuesto, y retomando un cariz más tangible, no es otra cosa la que sucede en el momento que tras decisiones coartadas por el caótico transcurrir de la vida, elegimos reencontrarnos con unos hábitos alimenticios, qué sin pretensiones de ningún tipo hacia fines estéticos, tienen como máxima la salud y el termino medio. Pues aunque el chispazo no sea instantáneo por que el motor desentrenado tarda en calentar y saber que le ocurre, tras unos días el buen hábito, una invisible fuerza magnética accionada por las manos de la coherencia, hará su efecto atrayendo al rebaño a aquellos comportamientos que a todas luces podrían ser buenos amigos del que gusta pastar en los mismo prados.
Porque independientemente de los beneficios orgánicos de una óptima alimentación, la constancia en la misma, genera su caballo de batalla mas fuerte en la mente, donde la actitud sana, escéptica frente a conductas que antes entendía como buenas, limpiará las que anidadas en los recovecos del cerebro, jugaban a desestabilizar una brújula que se perdía en mares de tentaciones. Y es aquí, al acariciar una satisfacción que nunca antes habías sentido por armonizarte con todo lo que te es realmente bueno, cuando comprendes que lo que no te hace palpitar así, simplemente no te sacia, provocando una hambrienta existencia a un estomago que a pesar de comer como y cuando quiere nunca termina de llenarse.
«El mal de no conocer males»
Como el combustible que propulsa un motor, la posibilidad de vivir mejor ha sido desde los comienzos del uso de la razón, la causa que ha motivado el avance. Así, el incansable deseo de llegar siempre un poco más allá, provoca ineludiblemente que las molestias sobrevenidas por el ejercicio de las actividades mas cotidianas, queden como un mero reflejo del progreso frente al pasado. En consecuencia, e independientemente de que el adelanto casi siempre haya brindado condiciones más favorables a nietos que abuelos, actualmente, el ámbito de la comodidad es tan amplio qué cubriendo tantas dolencias con su cálido manto, cuesta encontrar un momento de verdadero hastío. Ausente en tales inclemencias, el individuo, cada vez más acostumbrado a la comodidad, pierde la capacidad de aplacar el sufrimiento, suponiendo, por no querer alterarse, que el bienestar es supremo derecho de todo el que desee demandarlo, pudiendo ser que pasen los años, y así sea, o tan probable como cierto, puede ser que no, y que aquel que se mostró reacio a lo que ocasionase aflicción sea ahora quien mas se aleje de sus sueños de confort. Asimismo, el pensamiento razonado, tiene por presente la volatilidad de los estados, y conoce el fluir de las circunstancias, y aunque se encuentre en condiciones de bonanza prepara los sentidos para cuando lleguen las tormentas. ¿Pues que sería del granjero que tras una gran cosecha, olvida el componente de azar en su labor, y derrocha en viandas los excedentes de lo que el año próximo podrían ser deficiencias? El dolor de su condición nacería por dos sangres de una misma herida; falta de recursos para vivir como el mismo se había malacostumbrado a hacerlo. De otra manera, cuando la situación se invierte, viviendo un escalón por debajo de la comodidad que se podría tener, la inclemencia se transforma en fortaleza, propulsando más lejos a los previsores cuando los vientos conceden el favor de soplar en gracia de todos. No obstante, a tal ejercicio solo lo precede el desprestigio de lo externo, pues quien no entiende que la plenitud no depende de los bienes que adornan la comodidad, (sino de las virtudes que se forman con voluntad), perderá la vida buscando algo que cada vez se aleja más a sus espaldas.
